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domingo, 7 de marzo de 2010

Rosas góticas para una reina













Felipe el Hermoso.
25 september.
Funesta fecha en el recuerdo.

Con temprana edad deje este “valle de lagrimas y alegrías”.
Las alegrías fueron mías, tuyas todas las lagrimas.
Fuisteis una de las princesas más instruidas de Europa.
Y luego la reina más inteligente buena y generosa.
Malgasté mi vida y no te atendí como merecías.
¡Inconcebible!
El tiempo es concluido y la vida terminada. Debo partir.
Ahora, inerte en Granada, sé que tardarás en venir, si bien espero, y
paciente y anhelante permanezco.
Y entonces, llegado ese momento..... La eternidad, ya, será nuestra.
Os dejo unas rosas rojas vestidas de soledad.
Desde este instante: sólo silencio.

Mientras tanto, si deseáis visitarme...

Juana l.l
Gracias por las rosas rojas, esposo mío. Aunque no tan vestidas de soledad como pueda parecer. Vivo con vos. Porque jamás os alejasteis de mí del todo. Reináis en mi mente enajenada, y ni el asfixiante entorno en el que vivo, es capaz de evitar el deciros mi cotidiano "Os amo"... Y aunque fenecido y pétreo, os hallo hermoso. Hasta que la eternidad sea nuestra, en mi rostro se perpetuó la pura imagen de la desolación.

Felipe el Hermoso.
¡Que dolor me causa vuestro desconsuelo! Desearía hacer mío ese sufrimiento, mitigar vuestra pena y aliviar vuestro dolor. Recordad, mi reina, vuestras propias palabra y apaciguar la aflicción: “Mientras yo viva, Felipe vivirá en mí, conmigo”. Porque, ciertamente, así es. Ahora, mi amada, sabed que me han hecho feliz y reconfortado vuestras postreras palabras. Deseo deciros, también, que estarán siempre conmigo, en mi corazón, igual que yo viviré en vos, hasta que llegue la dicha de estar junto para siempre.
Beso vuestros reales pies con admiración, fidelidad y amor.

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